Obras

«Epíclesis del Espíritu», concertino para piano y orquesta (2014)

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Dedicada a la Orquesta de Heredia y a José Pablo Quesada

Música sinfónica

Instrumentación: Piano y orquesta
Escribí el Concertino para piano y orquesta a solicitud del pianista José Pablo Quesada para ser estrenada con la Orquesta Sinfónica de Heredia en un concierto en la Semana Santa de 2014. Quesada se dirigió a mi en búsqueda de una obra “de carácter religioso” con dicha instrumentación, que para el momento no existía, pero que inmediatamente tomó forma en mi. Las ideas vinieron, de golpe, todas a mi mente, y desde que escribí la primera nota sabía de qué se trataba. Era mi oportunidad de escribir una música que simbolizara el momento más maravilloso de la misa católica: la conversión del pan y vino en cuerpo y sangre de Cristo (Corpus et Sanguis).
Así, el Espíritu Santo, invisiblemente presente por el beneplácito del Padre y la voluntad del Hijo, pone de manifiesto la energía divina, y por la mano del sacerdote, consagra y convierte los santos dones presentados en el cuerpo y sangre de nuestro Señor Jesucristo
La reflexión teológica de la Tradición de la Iglesia ha acuñado este concepto con la finalidad de designar la invocación del Espíritu Santo sobre los dones del pan y del vino para que los transforme en el cuerpo y sangre de Cristo.
Toda auténtica acción litúrgica es epíclesis del Espíritu, sacramento del Espíritu.
La brevísima obra está estructurada en dos movimientos contrastantes, el primero reflexivo, introspectivo en su inicio, brillante y atlético en la parte intermedia, para cerrar con los momentos más melodiosos de la obra. Este primer movimiento está marcado por una cita que me pareció ineludible: el tema fundamental o de la “comunión” del Parsifal de Wagner. Wagner, quien en clara referencia a la Cantata de Liszt “las campanas de la catedral de Estrasburgo”, así como a algunos cantos gregorianos muy antiguos. Es un tema cargado de memoria mística, de memoria sagrada que debía estar –sin dominar- en mi obra.

El segundo movimiento de carácter más punzante, más rítmico, fue el espacio ideal para hacer sonar las campanas del Sanctus. Durante la misa, hay al menos cuatro momentos especiales cuando se hacen sonar las campanas. La epíclesis, al inicio de la misa, es cuando el padre pide a Dios cambiar el vino en la sangre de Cristo y el pan en el cuerpo de Cristo. Es el inicio de la Comunión. Justo antes de la epíclesis, se hacen sonar las campanas, estas campanas de mi obra evocan un repique de las campanas de la Catedral de Praga. Al final de este segundo movimiento, cito de nuevo un tema de especial importancia en mi ideario musical: la melodía del final de la Cantata Criolla del compositor venezolano Antonio Estévez, el momento en que Florentino, a punto de ser vencido en su contienda por el Diablo, evoca a las vírgenes protectoras de Venezuela, venciendo así el mal, logrando imponer la luz sobre la oscuridad.
Mi obra está llena de referencias de carácter místico en un marco musical en el que el piano logra dar coherencia al contenido musical y la música, relevancia al solista.
La obra está dedicada al pianista José Pablo Quesada, a la Orquesta de Heredia y a su director, Eddie Mora, amigos todos de Costa Rica.

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