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Guido López-Gavilán

Cuba (1944)
Miembro de Número
Obra 1 de 2
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Por el mar de las Antillas anda un violín
2002
Violín Solo y orquesta

POR EL MAR DE LAS ANTILLAS ANDA UN VIOLÍN
Por Leonardo Acosta

Al escuchar la obra que da título a este CD nos asalta una duda: si guiarnos por las referencias a Nicolás Guillén en su travesía lírica por el Mar de las Antillas o dejarnos deslumbrar ante la constelación familiar López-Gavilán Junco cuyo talento brilla con luz propia en ésta y todas las obras que integran el disco; desde este concierto con la Orquesta Sinfónica Nacional hasta las muy logradas obras de cámara, pasando por el Monólogo para violín solo, original vehículo para el arte interpretativo de Ilmar López-Gavilán.

La sólida técnica e impresionante virtuosismo de Ilmar hace posible una poco frecuente desenvoltura en cualquier registro y le permite ejecutar con pasmosa naturalidad los pasajes mas imbricados, así se trate de dobles cuerdas, acordes, pizzicatos con ambas manos, diferentes golpes de arco, armónicos, y cualquier otro recurso o efecto técnico. Todo ello con un impecable fraseo, dicción, ataque y lo mas importante; siempre en función de la belleza, la musicalidad y la expresividad.

Por el Mar de las Antillas... sirve de marco a este violín travieso, dulce, endiablado, romántico, versátil en fin, y es obra que esta lejos de ser una “musicalización” de la poesía de Nicolás, pues no se trata siquiera de “música programática”: es mas bien una re-creación muy libre, una re-lectura del mundo afroantillano que inspiró al poeta, o una metáfora sonora de lo que pudiera ser el génesis y desarrollo de nuestro Mediterráneo caribeño.

Como las olas del reflujo, los pasajes iniciales sugieren el amanecer de un mundo en formación, el magma primordial abriendo paso a la forma, expresado en sonidos indeterminados, susurros, ondulaciones, trinos, juegos de luz, radiantes epifanías, movimientos oceánicos y telúricos, hasta rituales iniciáticos arcaicos: todo parece decirnos que “en el principio fue el sonido”.

(Pero estas son apenas impresiones de oyente...)

Esta atmósfera del comienzo es lograda por Guido López-Gavilán empleando instrumentos de familias diversas, que tienen en común lo que yo llamaría “timbres irradiantes” ( triángulo, glockenspiel, violín en pizzicato, maracas, chekeré, vibráfono, arpa). Los diferentes colores comienzan como tratando de abrirse paso, de hallar su voz y su rol.

La entrada del violín solista es como una apertura a una nueva dimensión donde la línea melódica es de un lirismo que enfatiza el compositor al pasar súbita, pero casi imperceptiblemente, a un lenguaje diatónico y a la vez modal, como hará en otras de sus obras.

Tras diálogos entre el violín solista y otros instrumentos, surgen secuencias evocadoras de nuestros géneros bailables donde predominan elementos rítmicos del son, mas sugeridos que ejecutados literalmente.

La irrupción de la percusión y los metales alternando con los “comentarios” del violín, dan una tónica improvisatoria que evidencia cabal dominio de la polirritmia afrocubana así como del empleo de la fórmula llamado-respuesta tan característica de nuestro “son montuno”.

La estructura de la obra corresponde a la clásica de un Concierto para violín y orquesta, en tres movimientos que transcurren sin interrupción.

El segundo movimiento evoca el ya mas que centenario hálito romántico de la trova cubana, que no hay por qué llamar “tradicional” ni “criolla”. No recurre a citas textuales, salvo apenas alguna cadencia típica de esa corriente trovadoresca, en busca de su esencia .

Es como una revelación de una realidad que siempre estuvo ahí, oculta tras otras mas aparentes...tal como ocurre en el desarrollo temático e intervenciones de la orquesta en los mas evocadores pasajes.

En cambio el tercer movimiento, a su vez contrastante con los anteriores, nos trae claras alusiones de los toques rituales afrocubanos con inusuales combinaciones tímbricas de violín, tambores batá, chekeré y cencerros, y de la típica conga callejera carnavalesca; para terminar en un deliberado “caos organizado” que recrea el legado de Roldán y Caturla.

Quizás aquí se nos revela otra idea central de la obra: una visión quintaesenciada de la música y el ámbito antillanos.

(¿Y qué otra cosa se propuso Ravel en La Valse, en un género tipicamente europeo ?)

Edición: CD pronto a salir en 2006
Puede adquirirse en: colibri@icm.cu

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