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Variaciones sobre 14 miradas de Maipucampana

Boris Alvarado
10-06-2012 6:52 pm

Damas y caballeros, buenas tardes.

Verdad es, que el haber recibido esta invitación para colaborar en la presentación de este libro, tuve una doble emoción.
Por una parte, el honor del estar en este espacio de “gente fluvial” y querida, que rodea al Padre Joaquín, desde el cariño y el amor al poeta y fundamentalmente al ser humano.

Lo segundo, fue lo extraño que resulta para un músico o al menos para mí, tener que hablar desde este lenguaje, una dimensión del discurso que a veces no me es propia, pero que no por ello, deja de ser parte de ese permanente artista que practica el juego de la escritura, el sonido y de allí a la composición.

De ese ejercicio de comunicación fuera de mi ámbito, es donde estoy situado en esta tarde y de allí la libertad de decir lo que pienso mirando hacia atrás, sin el imperativo del deber mirar hacia adelante.

Intento decir algo que más que coherencia, tiene la esperanza de ser herencia de todo lo vivido junto al Padre desde que lo conociera en la década de los 90, cuando tuve la oportunidad de estrenar en Chile su obra “Redemptoris Mater” en colaboración con el compositor chileno Rolando Cori, y posteriormente en mi obra “Ikono de los Misterios del Rosario” para el cambio de milenio o de tantas piezas breves silenciosas compuestas desde sus poesías. Esto fue sin duda, mucho antes que “ChileEden” resonara en mí, como parte de esa deconstrucción constructiva, a la cual ya nos tiene acostumbrados su hacer.

Como ustedes saben, vengo de un provincia lejana, diría una antigua expresión, sin embargo no lo es tanto, tan sólo vengo de “MaipuCampana”, aquel lugar del Santuario donde aún resuenan los ecos rituales de la poesía profundamente mariana y reveladora, con la que el Padre Joaquín nos ha querido unir como una expresión de la cultura más potente de Iglesia, expresada en estos tiempos desde un núcleo importante de artistas que han sentido esa familia con voluntad de ser junto al eco mariano desde el “Antes de Chile, chilena”.

Para ello, su poesía que descubro al leer y re leerla, entendiendo que leer su texto significa saborear sus componentes, sin la obligación de recorrerla de principio a fin. Congelar un espacio y adentrarse en él, en su estructura íntima hasta ver que en los rostros, se dibuja lo tranquilo. Repetir una página, coordinar un momento especial de lo dicho y quedarse allí. En fin, detenerse en un paisaje e inventar e imaginar, las experiencias que permitan desde entenderlo hasta conmocionarnos.

Nuestro querido amigo vive coordinado lúdicamente con el entorno, en donde cada decisión que toma es consecuencia de la observación amorosa, pero al mismo tiempo rigurosa, de cualquier realidad en la que habite.

Es sin lugar a dudas, una composición poética o su existencia misma, haciendo de la vida y por lo tanto de su creación, un lugar no solamente infinito sino libre que él transita como el hombre inmanente que recorre los tiempos.

Así se fue construyendo “MaipuCampana, Alma de Chilenía”, desde el libro “MadreAlma, Carmen de Chile” –Chilenías de tierra y tiempo- fijando todo, a partir de acto poético de las 14 miradas, que plasmáramos junto a Valentina Jensen, quien fue noble “Madre Campana” en su actitud llana, solidaria y sencilla para ayudar a darnos un sentido del texto, y desde donde, en lo personal, pude por fin lograr entendimiento de la llamada obra “críptica” del Padre Joaquín.

Aún más, el ejercicio de entender el libro “Álabe” de Valentina, me permitió el regalo de la compresión, logrando sentir el aroma de tantas palabras que recorrían mis sentidos en este enorme libro y que en la presencia de Ángela, se hicieron más amables.
Trabajamos pensando en entender lo escrito como parte de un relato personal, casi autobiográfico, pero que al mismo tiempo, deseábamos hacerlo parte de un corpus colectivo, así sentíamos que el uno era el otro y en el otro éramos todos. La vivencia de un pueblo, filtrada por los ojos del poeta... ¿cuánta conmoción en todo ello?, ¿cuánta encrucijada?, ¿cuántos caminos que nos permitieron llegar hasta el Santuario, y de allí, hasta mirar la “Puerta del Cielo”?.

El Padre escribe, a ratos nos habla, y nos continúa transcribiendo sus poemas desde Madrid, Frankfurt, Roma, Rimini, Jerusalén, La Habana, Kiev, y tantos otros lugares públicos o secretos, desde donde nos expresa su fe viva desde el tiempo del crono, pero también del tiempo del que va más adelante.

Su texto “MadreAlma, Carmen de Chile” deriva una y otra vez, es una forma de devenir en el tiempo, que permite la existencia de dos o más ideas en donde la segunda, más que poner fin a la primera, transforma la primera en segunda. Esta manifestación, es el acto consiente de una voluntad que vuelve a leer... ¿es entonces, la relectura lo que va alimentando y moviendo su poesía?

Un devenir deviene, o sea, anticipa lo que viene como una forma de explicitar un hecho poético como la representación de esa voluntad de “animus”, de dar alma a una nueva sintaxis de origen octosílabo. Pero que importa…. si por cierto, el octógono, el octópodo y el octogenario nunca sabrán de ello.

Entonces y sólo allí, entendí que su constante preocupación formal, era más bien la alegre y amorosa preocupación por llevar a cabo la aprehensión de un impulso, el cual constituido, diese lugar a la escritura o apariencia que la poesía tiene, y que acaba por cierto con la apertura de la siguiente.

La irrupción de un nuevo impulso significaría así en su obra, el comienzo de una nueva composición. El goce de la constitución gestual dentro de un campo acotado desprovisto de responsabilidad de encadenarlo con otro, sería parte de su tarea. Y su espacio, el dominio de la composición poética.

Querido Padre Joaquín, lo veo allí, sentado frente a mí, y al mismo tiempo siento y sé que es muy probable y seguro, que ya esté fuera de aquí, aunque podamos verlo. Pero me asiste la firme convicción, de la enorme dimensión de su vuelo, y que ya se encuentra en otras fronteras y así una y otra vez, nos deja el aire suficiente para continuar nuestras particulares misiones, a todos encomendadas.
El libro que ustedes leerán, es la mirada de su vida, es la experiencia de su camino trazado por tantos hechos en su encuentro permanente con “María, Alma de Chile”.

Los pasajes más íntimos de su vida están escritos con la sencillez de quien nada tiene que esconder, de quien no teme a la desnudez, de quien desde la vocación sacerdotal ha construido una vida también como “Peregrino Apostólico” al servicio de los más necesitados y aún más allá, de los miles de perseguidos que anónimamente transitan por el mundo. ¿Cuántas veces visité -luego de conversaciones con el Padre Joaquín- la Iglesia de San Stanislaw Kostka para recordar al Padre Jerzy Popieluszko? ¿Cuántas veces también oré por la memoria viva del Padre San Maximilian Kolbe, muerto en la ciudad polaca de Oświęcim, más conocida como Auswitchz?
Saber de su niñez, de su juventud, pareciera ser para algunos una banalidad, cuando se supone que su grandeza esta en el hoy, pero…

¿Cómo no entender la vida desde el origen en el vientre materno?. ¿Cómo no pensar que uno es, desde origen y la convivencia en la familia? ¿Cómo no aceptar ser parte todos nosotros, de la “Trenza de tres carillones”, en medio del canto y la danza de las Cuyacas?

Dios trazó el camino, mucho antes que uno. Es la historia personal de Nieto y su fe, convencido de que Dios ha estado siempre con él.

Poco a poco fui-y aún continúo-, descubriendo que en muchos sentidos la actualidad está enmarcada por la convicción de que las emociones son posibles de conocer y más aún deben conocerse. El psicoanálisis y toda la sicología posterior, son determinantes en el impulso siempre presente en nuestro tiempo para lanzar constantemente una mirada introspectiva con ánimo analítico, un signo que tiene un origen y un transcurso.

La emoción que nos mueve desde su poesía y los encuentros de sus constantes episodios en torno a la “Mujer Vestida de Sol”, hoy ya no son perturbadoras del pensamiento, muy por el contrario, es uno de sus alimentos básicos. De tal forma, que se les debiera considerar como parte de su despliegue en el pensar y desde allí, modular en el acto de escribir una y otra vez.

“Gloria a la Trinidad”, la permanencia y necesidad de vivir ligado afectivamente a las eventos del mundo. Sólo dentro de esta permanencia es posible un real espacio de conocimiento de su obra, de su trazo, del dibujo con que nos regala sus certeros comentarios de la Iglesia Universal, que nos ayudan a entender la purificación de la memoria y sus “Nueve perdones”.

Quisiera compartir con ustedes en este momento algo que nos envió en uno de esos tantos momentos de ir y venir de las palabras, las reflexiones, el análisis y las urgentes plegarias. Cito: “Cerrar una herida en falso termina en gangrena”. Al clausurar el Año del Sacerdocio, Benedicto XVI quiso hacer bien las cosas. Tuvo un diálogo cara a cara. “¿A dónde ir, Santidad? ¿En qué dirección?” le preguntó un sacerdote. El Papa respondió que el sacerdote no sólo debiera llevar una vida de santidad. Será necesaria una irradiación más luminosa.

Algo que el pueblo perciba instintivamente. “El punto más importante es que se pueda ver y sentir… Que el sacerdote se sienta realmente una persona llamada por el Señor”.

Para un poeta como él, dedicarse a la poesía, a la escritura actual desde la tradición occidental y al mismo tiempo al Sacerdocio, es un ejercicio espiritual y permanente de responsabilidad histórica.

Por ello, el oficio de su artesanía, una vez extinguida la artesanía del uso, define su oficio en su técnica como un dominio ético, y simultáneamente su ética como un dominio técnico. Por ello volvemos una y otra vez a leerlo para no consumir, y en el releer “La palabra”, somos consumidos por la lectura. Así, lo original deviene originario como marca plural de su origen singular…esa es su palabra, como parte de la tierra de su casa.

Estas palabras imaginan las cosas y digamos las cosas por su nombre: el pie es la palabra que camina, que camina la lengua del andar. La escritura figura el ritmo con el rigor de la franqueza.

Es como estar haciendo el mirar, el ver, escuchar y oír. Siendo el oír facultad perceptiva vinculada a la fisiología del oído y a la presencia de las estructuras que la posibilitan, el escuchar es en cambio, un espacio que corresponde a un encuentro social, a una actitud amorosa que atiende y considera al otro, reconociendo continuamente su presencia.

Escuchar es abandonarse sin la molesta irrupción del ego que generan palabras no dichas y emociones ausentes, convirtiendo al otro en algo así como un espejo. Abandonarse, eso sí, no abandonando la crítica, pues la crítica involucra a las personas y entrelaza las miradas; escuchar es entonces escribir.

Escribir es cantar y bailar, esa es la obsesión.

Esa es su necesaria energía constructiva, que en la insistencia encuentra una manera de conocer y de acotar la amplitud de las ideas. La obsesión mirada así, tiene que ver con el aceptar nuestros fantasmas y también con el respetar la deriva que la reflexión posee a partir de ellos.

Lo hermoso en la profundidad del alma radica en que allí “Florecerá el desierto”, Ese lugar, es el espacio para la consideración del otro, donde el detenerse y reposar sobre una idea constituyen necesarios mecanismos de esta consideración. Porque el comprender algo conlleva la alegría y la emoción que amerita desplegar el estar, sin el vértigo de la urgencia.

Esta es la esencia de “Chile, voluntad de ser”, allí, que el dibujo baile, que la fotografía cante, que el baile escriba, que el corazón lea, que la madera se levante, que el metal sea cuerpo plástico en su ritmo, que el ojo atrape la belleza, que lo visto sea mirado, que lo oído sea escuchado y el sentido de lo visible sea previamente no serlo, siendo finalmente ello su carácter público y universal y como dice nuestro querido amigo:

“Hay octógonos dibujados con pasos de baile. Hay danzas del Octavo Día. Son de carnecita nuestra, juguetona y enérgica. Son música de alabanza telúrica. Detalle y ceremonia. Beso y liturgia.
Al final, Tatita Joaquín, sólo quedarán loa y danza. Será una fiesta por siete
jornadas, hasta el Octavo Día del Infinito Amor”.

Muchas Gracias

Dr. Boris Alvarado
Compositor
Académico del instituto de Música de la PUCV
Miembro de número del Colegio de compositores Latinoamericano de Arte

Viña del Mar, 21 de noviembre de 2010

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